Por la convergencia religiosa

Muchos conflictos nos aquejan hoy día, no hay duda que quepa. Pero muchos de ellos se enfrentan mejor en equipo, junto con quienes nos son afines no de forma accidental sino esencial y trascendental.

Pues bien, quien escribe estas líneas se declara como un Cristiano Católico, que sabe muy poco de su religión y que, mucho menos conoce otras confesiones religiosas. Pero en estos días de Semana Santa y de Pascua me he puesto a pensar en los retos que como creyente tengo, más allá de mi incoherencia entre mis actos y mi fe, como quien tiene una misión social.

Los retos de la Iglesia Católica son tan variados pero coincidentes muchos de ellos con los retos que, supongo, tienen planteadas otras confesiones religiosas.

Yo me percato, por diversos medios, de la llamada “cultura de la muerte” que tiene un sin fin de manifestaciones entre diversos estratos sociales, desde la televisión hasta la escuela, la prensa escrita, el cine, etc. Esta manifestación cultural que tiende a destruir la vida directamente a través del aborto, la autanasia, la compra-venta de armas, etc., indirectamente a través de la ideologización de las masas populares por los medios de comunicación que promueven la “normalización” de la violencia, la desunión matrimonial, el embarazo como una carga, los videojuegos que justifican la violencia y demás. Constituye una problemática que está marcando a toda una generación que no se ha visto involucrada directamente en conflictos que le amenazan su vida, sino al contrario, ha tenido la ventaja de ver las guerras mundiales a través de los libros de texto, los conflictos armados como noticia aislada y teniendo sí el privilegio de, por lo menos, desarrollar un sentido de los “derechos humanos” y de un ecologismo sin precedente, tanto que hasta tiende a convertirse en una cuasi-religión.

Esta cultura de la muerte no depende de lo que antes se denominabacomo post-modernidad, ya que sí tiene una visión sobre la conducta y actitudes esperadas por sus partidarios, es decir, esta ideología es clara y se manifiesta como un “derecho más” pero quienes la promueven, o bien se esconden en el anonimato de las marcas de publicidad y sus respectivas agencias que atrapan al público de forma inconsciente, o se encubren con actos de legitimidad tal que son incuestionables de manera práctica.

Pienso que nosotros, los creyentes católicos, no somos los únicos en tener ante sí un reto como el que estoy explicando. Me parece que tanto los católicos como los musulmanes y los judios convergimos y, más aún, ha de haber alguno que otro ateo que se percate de lo que aquí se denuncia; pero me es más fácil reconocer, desde una perspectiva de defensa religiosa de la vida, las posibles amenazas a quienes tratamos de defender la vida y, por supuesto, la dignidad del ser humano y de la persona desde el momento en que es concebida.

La globalización a impuesto una nueva manera de relacionarnos con los problemas del gmundo a través de diversos instrumentos como lo son las redes sociales virtuales, entre otros. Este fenómeno, el de la globalización, nos ha dejado sentir sus muy variadas e infinitas consencuencias en sus distintas facetas. Pues bien, aprovechémosla para encontrar puntos de unión entre las distintas confesiones religiosas en un marco de tolerancia y respeto por la diversidad cultural, por el respeto a la confesión que cada quien comparte pero, a la vez, con un sentido de afinidad que puede ser característico de la esencia de la religión, cualquiera que sea su denominación.

Las tres religiones que considero en mi pequeño mundo mental y real son la Judía, la Musulmana y la Cristiana. No desprecio a las demás confesiones que existen, solamente estoy tomándolas como referencia las que es mencionado.

Es verdad, las tres religiones diferimos en muchos aspectos que creemos que son esenciales, lo cual no se puede negar. ¡Vaya! hasta muchos de nosotros los cristianos no estamos muy unidos que digamos, ya que tenemos muchas divisiones en la denominación cristiana en general, aunque sin negar las divisiones y polémicas internas que la Católica tiene.

Pero no es en las diferencias en las que hay que concentrarnos quienes somos hermanos creyentes en un solo Dios: Musulmanes, Judíos y Cristianos, en general, sino en aquellos aspectos que tenemos en común. Precisamente, los riesgos que enfrentamos en el mundo en las tres religiones no nos son ajenos, ni lo deben de ser, porque hay una parte esencial que también nos une y lo sabemos. Si alguien, por ejemplo, hiere a un musulmán, no porque yo sea católico no quiere decir que por ese hecho deba de ser indiferente, al contrario, como ser humano, como persona y, sobre todo, como hijo de Dios merece nuestra atención, nuestra consideración y defensa de la vida.

Pues creo, entonces, que la “cultura de la muerte” nos tiene amenazados a todos los que creemos en Dios, sea la denominación que tengamos, por lo que debemos, al menos es lo que propongo, estar y permanecer unidos para dar una respuesta clara y tajante al mundo de hoy.

Es momento de mostrarle al mundo que las religiones tienen una postura respetable y en unión para poder enfrentar problemas comúnes, retos globales.

Propongo dicha unión en la diversidad religiosa. Posturas compartidas y publicadas en común. Constituir grupos de presión políticamente legitimados para hacernos eco de los planteamientos.

Mi esperanza, el reconocimiento del otro por lo que es: Persona humana, hijo de Dios.

Dios mío, ilumínanos para encontrar convergencias en lugar de divergencias entre quienes tenemos confesiones religiosas distintas. Que sepamos actuar bajo la mirada común del otro que es como nosotros, un hijo Tuyo.

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