Del dolor

Una prueba más de la “vida”, de todas las que han dado los filósofos, algunos de los cuales han aportado su visión existencialista, y hablando no solamente desde el punto de vista general humano –o sea, como síntesis de cuerpo y alma- es justificarla con el dolor, no en general sino en particular, que cada cual siente, padece. El dolor así concebido y particularizado es una prueba más de nuestra existencia, nos refuerza en nuestra existencia concreta, no accidental; aunque, de hecho, el hombre en general y en particular no se define como especie – o si se quiere ver como género- a través del dolor que viene a ser caracterizado como algo no-esencial, es decir, accidental y, aún lo anterior, el dolor accidentalmente puede reforzar la autoconsciencia a sí mismo de manera sustancial o esencial, “si padezco es que existo”, una frase que recuerda a otras pero que aquí trata, evidentemente, con una distinta intención.

Si refuerzo mi existencia derivado de su reconocimiento a través del dolor, por lo menos me puedo sentir con una especie de libertad o margen que, al reconocerlo, tengo frente a dicho dolor en cuanto a actitud se refiere y reforzándose así un sentido de identidad, un sentido de sí mismo que no se confunde con la fuente que provoca que nos percatemos de él; dicho sentido es independiente del dolor pero es éste el que lo despierta. La autoconsciencia, más vale tratar de llegar a una identificación partiendo del dolor, principalmente en estos momentos social e históricamente catastróficos –calificados así por algunos-.

El dolor es la puerta para empezar a reconstruirse de nuevo como un ser que ha dejado de tener una actitud pasiva ante los acontecimientos del mundo, como son las enfermedades de cualquier tipo, las pérdidas de familiares, la ausencia de justicia, de paz, de un determinado cambio de valores, etc. Al darle un sentido a la vida partiendo sólo accidentalmente del dolor se refuerza la existencia, por lo menos en el presente, y se realiza el ser humano de forma activa, es decir, puede ser el camino del dolor para darse cuenta de la posición, actitud, decisión, aptitud que se tiene respecto de la vida –que no lo estoy personalizando- y que se puede manifestar en las demás facetas del ser humano. El dolor no es algo que forme parte por lo menos consciente del ser humano sino, más bien, forma parte de nuestra naturaleza como derivado, no de un sentido consciente, deliberado y, por ende, pensado sino como producto de la imperfección humana; nuestra propia naturaleza provoca que haya dolor físico, moral, y que haya errores, defectos, negaciones o, mejor dicho, privaciones; lo anterior es normal, pero este tipo de análisis sobre el dolor tiene que hacerse con mucha precaución porque, insisto, el dolor forma parte de nuestro ser que, en general, tiene algo de privación en cierta medida porque es un hecho que nos caracteriza la imperfección.

Pero, si como bien apunto, la privación forma parte de nosotros al menos no es de tal forma determinante en nuestro ser, es decir, si nos sabemos imperfectos hay una parte de nosotros que tiende a evitar tal imperfección y es que, perdón el atrevimiento, somos imperfectos porque somos distintos de Quien nos creó pero, somos perfectibles bajo la conciencia  -moral- y bajo el peso mismo de la naturaleza ya que, ambas cosas tienden, quitando los velos –algunos- mentales, tienden, como digo y reiterando, hacia Dios.

El problema radica en tratar de justificar nuestras privaciones, caso concreto el dolor, como si fueran esenciales a nosotros como de tal manera anulasen nuestra libertad; por eso, el estar conscientes del dolor, no debe ser de alguna manera pensada como esencial sino como accidental ya que, si la pensamos de la primera forma nosotros tendríamos la consciencia nublada y un síntoma de ello sería la actitud pasiva ante el dolor, una falta de objetividad y a la vez de libertad.

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