De la insurgencia y beligerancia

Debido a algunos episodios ya conocidos de nuestra historia y de otras latitudes, al menos en los textos es común la mención de tales palabras, por lo que voy a tratar de hacer distingo entre ellas.

Según la Real Academia Española -RAE- la palabra beligerancia me remite al término beligerante: “Dicho de una nación, de una potencia, etc.: Que están en guerra”; y, por su parte, el término insurgencia en la misma fuente se describe como: “Levantamiento contra la autoridad. Insurgencia militar, sindical, urbana.” No obstante, estos conceptos me parecen muy generales como para constituir una herramienta que sirva para esclarecer varios aspectos de la realidad tanto histórica como contemporánea.

Es sabido que en el periodo llamado de Independencia en nuestro país Miguel Hidalgo, sin adentrarme en pormenores, se instala en Guadalajara, teniendo como base tres elementos: primero, establecer un gobierno para darle legitimidad al movimiento llamado por los historiadores “Insurgente”; segundo, publicar un órgano informativo llamado “El Despertador Americano” enviando un embajador a Estados Unidos; tercero, la abolición de la esclavitud.

He mencionado este episodio de la Historia de México para ilustrarlo como uno de tantos ejemplos que nos pueden ayudar a discernir la diferencia entre los términos ya supra citados, esto independientemente de los hechos que se suscitaron después, considérese solo como punto práctico en este escrito.

Bien, el movimiento de insurgencia lo podemos caracterizar por tener los elementos de legitimidad y legalidad, publicidad ideológica cargada con elementos de cambio en cuestiones que hayan ameritado la aparición del movimiento en cuestión, y un contingente de fuerza armada.

Analizando. Los términos legalidad y legitimidad, que en otra parte ya he tratado, se refieren a un contenido concreto que responde a un plan de trabajo del movimiento.

Legalidad, es un conjunto de normas en las que se pretende tengan todos sus distintivos para que puedan considerarse como de Derecho, es decir, con las notas de heteronomía, bilateralidad, exterioridad y coercibilidad, haciendo hincapié en que esta última nota está representada por las fuerzas de facto que contempla el movimiento. Estas cuatro características son las que contienen las normas jurídicas en sí mismas consideradas, independientemente de las circunstancias fácticas que les den origen o a las que se dirijan, excepto la última, es decir, la fuerza física/militar que tenga es el elemento que puede detonar el planteamiento y re-planteamiento de las otras tres notas. La legalidad expresa los ideales del movimiento en forma concreta.

Por otra parte, la legitimidad es un complemento de la legalidad, sobre todo para completar la nota distintiva que alude a la fuerza del Derecho: “coercibilidad”; la complementa porque radica en la convicción de varias personas de que el nuevo orden de cosas propuesto es justo. Lo anterior, aunque se trate de una minoría cuya estancia en un determinado territorio ayuda al reconocimiento popular del movimiento.

Hago alusión a la cuestión territorial porque es un elemento indispensable para realizar la labor en cuestiones de estrategia y publicidad, sirve como punto obligado de referencia. Así, se tienen en el contexto general dos referencias fácticas, el Poder Constituido y el Poder Constituyente, tanto en ideas como en fuerza, el primero es el antecedente de valoración hasta en tanto el movimiento de insurgencia haya ganado el combate por cualquier vía, no se convertirá en un Poder Constituyente de Derecho solamente en un determinado territorio. Panorama donde se contemplan comúnmente dos constituciones, varias autoridades, etc., que confundirían a alguien ajeno a la circunstancia histórica, aunque, de plano, también logra el anonadamiento de quienes esperan resultados prácticos de la parte oficial como de la nueva propuesta.

Aquí la distinción entre la posición oficial y la insurgente, la cual se muestra como novedosa con relación a la primera, aunque sea en pocos términos reales, es decir, no es cuestión de hacer cambios totales o radicales sino los necesarios, por ejemplo, Hidalgo es reconocido por hacer pública la abolición de la esclavitud, y los Sentimientos de la Nación de Morelos lo ratifica, pero en otras cuestiones no se ahonda mayormente.

La publicidad es otro de los elementos que caracterizan a un movimiento insurgente, o sea, las ideas plasmadas se tienen que hacer valer haciéndolas públicas a través de la fuerza o del convencimiento, aunque esta última faceta es la que debe de preponderar porque, lo que se hace por fuerza sólo así se mantiene, excepto en los casos de introyección de la misma o la justificación que la indiferencia presenta con el correr del tiempo. En el ejemplo de Miguel Hidalgo trátese de la publicación de “El Despertador Americano” y del envío de un embajador a Estados Unidos.

La publicidad debe de ser tanto interna, es decir, nacional, como externa o internacional; sobre todo cuando se trata de cuestiones comerciales (y militares), donde es necesario hacer ver las bondades del movimiento insurgente con relación a la capacidad de organización jurídico-política del movimiento, tanto en su etapa previa como en la consolidación del periodo constituyente.

Recalco, es obvia la diferencia en el movimiento que inicia y exige fuerza, y su posterior consolidación para cambiar todo un estado de cosas, concretamente la Constitución en su sentido formal, porque materialmente la Constitución ya ha sido cambiada y formalmente vendría a ser el coronamiento del movimiento, por decirlo de alguna manera.

Aunque, el meollo del cambio debería de ser, según el marxismo, la infraestructura o estructura económica de la sociedad, reflejándose en el cambio de las superestructuras ideológica y jurídico-política, pero esto que es una manera moderna de ver el conflicto, tiene diversos matices que indican una cierta continuidad, un status quo, según en el ejemplo relativo al Padre de la Patria.

Independientemente del cambio que exigirían algunos marxistas, se ve la diferencia entre el movimiento que inicia como insurgente y el que culmina con la función de Constituyente.

Tanto la fuerza militar como la publicidad son elementos que no deben de cejar a pesar del tiempo, es decir, por un lado, la parte militar puede quedar debilitada y, hasta cierto punto, desorganizada, como de hecho sucedió con el movimiento de Independencia de nuestro País tiempo después de que los principales líderes fueran ultimados de una u otra manera. De ahí la buena impresión que, a través de la publicidad se deba de dar para obtener un respaldo como asilo político, ayuda militar, económica, etc., de otros países y del sector interno que tenga la esperanza de que el nuevo proyecto de nación le va a mejorar las condiciones de existencia.

La insurgencia exige cambio, revolución, a diferencia de la beligerancia que exige estabilidad.

Explicándome. La insurgencia es una corriente de pensamiento y con un factor de fuerza que re-plantea determinadas condiciones de existencia jurídico-política que se desenvuelve en una etapa doble de creación y consolidación y una etapa posterior que es la terminación del movimiento con el poder constituyente. La diferencia ideológica entre las diversas etapas puede variar, es cuestión de negociación. Aunque la etapa de la constitución formal puede quedar a la deriva si el poder previamente constituido la vence antes.

La beligerancia se distingue del movimiento que se ha venido analizando en que no tiene determinadas notas o, teniéndolas, sus finalidades no son practicables porque muestra cierta inflexibilidad en los postulados que sostiene.

Analizando. La insurgencia tiene como elementos, repitiendo, la legalidad, legitimidad, publicidad, poder material militar, un proyecto de cambio social. En cambio la beligerancia carece de todos o de alguno de los elementos anteriores; por ejemplo, inicia, desde el punto de vista del poder ya constituido en el terreno de la ilegalidad, como también sería visto el movimiento de insurgencia pero, a diferencia de que aquél se encuentra inmerso en la ilegalidad sin proponer una zona territorial de nuevas leyes, es decir, sin ofrecer a sus seguidores que, en un determinado territorio, imperen condiciones jurídico-políticas y de existencia distintas de las del poder político gobernante; no le interesa la seguridad jurídica de las personas ni muchos menos la seguridad social, porque no tiene los elementos ideológicos necesario para ello. Aunque comúnmente puede tener un cierto respaldo militar tanto interno como externo que haga, a través del tiempo, proveerse de cierto peso aún político para la clase del poder.

Digo que la beligerancia exige estabilidad porque no cuenta con los mecanismos políticos de negociación, administración e ideológicos para imponerse auténticamente a una masa de personas, provocando, a la larga, inestabilidad que perjudica más si no se le sofoca cuanto antes.

Un caso de beligerancia franca son los grupos aislados de anarquistas; sabemos que la ideología del anarquismo, en su forma ingenua, no se interesa por el acuerdo político, por la seguridad jurídica de las personas, lo que hace pensar que constituyen un obstáculo para el libre desarrollo de la vida nacional. También se puede enunciar como ejemplo de este tipo de grupos los marxistas extremos, es decir, aquellos que esperan, o esperaban antaño, que los gobiernos capitalistas cayeran para instaurar la dictadura del proletariado y llegar hasta la última consecuencia que es la desaparición del Estado cuando ya no fuese necesaria su actividad y después de la re-distribución de la riqueza; al respecto, recuérdese que debería de estar donde siempre tuvo que haber estado, según los marxistas: “… en el museo de las antigüedades”. La realidad de los sistemas socialistas-marxistas que pretenden llegar a la etapa final del comunismo fue muy distinta de lo que teóricamente Marx en sus manuscritos económico-filosóficos planteaba.

Pero los grupos beligerantes ingenuos pueden carecer, en un primer momento, del contenido de seguridad legal y de respaldo legítimo, aunque ya posean publicidad y un brazo armado porque, posteriormente, pueden modificar sus programas de acción y ser más flexibles en su contenido y aplicación, es cuando llega la posibilidad de hacerse público con cierta legitimidad que ofrece lo factible del proyecto. Estos grupos pueden sobrevivir bastante tiempo, pueden iniciar como grupos de presión ilegal, desde el punto de vista del Estado oficial; con el tiempo estos grupos pueden ser la vía para crear huecos de poder que, si legítimamente no se llenan son capaces, mediante la manipulación, de desestabilizar al sistema. El problema de estos grupos es el manejo institucional a que son sujetos. Por ejemplo, en el caso del EZLN el gobierno tenía la posibilidad de enjuiciarlos conforme las leyes emanadas de la Constitución Política y, una vez quitándole las armas decretarles el indulto, para conservar a su vez la imagen de un Estado (gobierno) que cumple con la ley sin ser represor, digo, por aquello del trauma del 68 o matanza estudiantil. Aunque la realidad del EZLN fue distinta a como es planteada aquí.

El grupo beligerante sobrevive hasta en tanto su poder militar-económico lo impulse; lo que no sucede con el grupo insurgente, que tiende a desaparecer a parte por la misma razón, además sería por carecer de ideales que convenzan al pueblo sobre todo si las condiciones fácticas que promovieron su aparición hayan cambiado. Esa es otra de las diferencias, entre un proyecto sustentado en la realidad nacional y uno carente de flexibilidad y que fácilmente puede ser llamado: “idealista” en sentido despectivo.

He hecho este mini-ensayo para tratar de aclarar la diferencia entre un grupo beligerante e insurgente y para tratar de comprender la realidad tan compleja que plantean grupos que presentan las características que he enunciado y que, en algunas ocasiones, es difícil su distinción, me refiero al caso de Libia con los grupos rebeldes que, parece ser, tienen ya un cierto respaldo a nivel internacional, otro caso son las guerrillas y grupos para-militares emanados en el continente americano, etc., creo que, entre más herramientas conceptuales tengamos, e impulsadas desde la escuela (Historia, Filosofía, Derecho, Política, etc.,) es mayor la probabilidad de entender las situaciones que nos rodean y adaptarnos a una realidad que exige comprensión y acción, y no marginación e indiferencia.