Puntos débiles de la democracia: La información -tercera parte-

Como valor característico de la democracia contemporánea, la información está empezando a ser reconocida como factor clave en el mantenimiento de cierta estabilidad del sistema gubernamental caracterizado por tal cualificación. A pesar de las múltiples interpretaciones que existen del término y de su correspondiente aplicabilidad, me referiré a la que tiene que ver con el valor de la tolerancia.

Si una de las notas principales del concepto de tolerancia es el respeto como acto de voluntad, ¿con cuántos conjuntos de notas bastará para que la inteligencia presione internamente a la voluntad para desplegar tal valor? Esto revela que, evidentemente, para poder tolerar, respetar, las ideas de los demás primero debo de conocerme distinto del otro y aprehender lo que el otro es para lograr a buen término tal distinción. Por eso es importante que se visualice la información no de forma abstracta sino como un derecho que, en este caso, es accesorio para ejercer efectivamente el valor de la tolerancia.

¿Cuál es la situación actual en relación al ejercicio del derecho a la información en pos de mejorar la aplicabilidad del concepto de tolerancia?

El derecho a la información está reconocido en la mayoría de las legislaciones que caracterizan a un gobierno democrático. Directamente, a través de la Constitución, los diversos ordenamientos prevén ciertos supuestos normativos que regulan su ejercicio. Pero el hecho de que el derecho y acceso a la información esté previsto en la ley no significa que, por decreto, la ciudadanía se va a interesar por la información directa o indirectamente relacionada con su cotidianeidad y contexto socio-político. Reconozco que, por lo menos en nuestro país, si bien se han hecho esfuerzos considerables en el tema de la rendición de cuentas, equilibrio de poderes, etc., falta aún mucho por hacer no solo en el ámbito legislativo sino en la actitud de los ciudadanos con respecto a la toma de consciencia del derecho comentado.

Para dar cuenta del enorme abismo representado entre la legislación y su ejercicio, el ejercicio del derecho a la información a través de los diversos institutos reglamentados es bajo, por no decir que prácticamente nulo, por parte de la ciudadanía en general. Resulta que quienes ejercen este mentado derecho son, en particular, los periodistas y personas relacionadas con la política que se dedican a triangular información entre sí para, para fines utilitaristas la mayor de las veces, aprovechar a corto plazo las ventajas.

La madurez en el manejo de la información por parte de la mayoría de los ciudadanos brilla por su ausencia. Las personas que padecen de avidez de novedades, característica heideggeriana del “estado de interpretado” de la existencia inauténtica, solo reaccionan a la información que se muestra con un perfil aparentemente elevado, lo que llama la atención para este tipo de personas es lo que motiva el escándalo, el chisme y el morbo, por un lado, y la información fácil, accesible, a través de las redes sociales virtuales (el meme es el clásico ejemplo) en el que cualquiera cree que tiene derecho a opinar sin tener la información suficiente y necesaria para tal efecto.

El manejo de la información es pasiva, similar a la libertad y a la tolerancia que antes he explicado. El típico televidente espera que le den la noticia en pequeños paquetes de información hecha a modo por la empresa, lo que ésta haga no es de extrañar sino la actitud de quien consume y que no se visualice como tal, como consumidor de ciertos contenidos. En las redes sociales virtuales, el criterio es similar tratándose de la información importante que se suele confundir con la interesante, es decir, se suele mezclar el criterio objetivo con el subjetivo en la apreciación de los contenidos pero que, en realidad, obedecen a lo que en televisión se llama “rating” o “nivel de audiencia” previo que sugestiona a quien se percata de “x” contenido de que es importante, por eso, si alguien que representa cierta autoridad moral para el consumidor dice algo noticioso, automáticamente se cree que es importante, lo mismo de la cantidad de veces que los contenidos se reproduzcan, tales falacias aunque sean conocidas no siempre se evitan derivadas de cierta presión social, esto sobre todo en las redes sociales virtuales.

Ante este panorama en el que la información fluye activamente para unos cuantos que aprovechan las coyunturas políticas para informar al pueblo, o para los que el derecho a la información es un artículo periodísticamente secuestrado bajo el pretexto de la libertad de informar; quienes no se logran identificar como consumidores de información actúan de esta manera con una actitud pasiva, donde no cabe esperar un nivel alto de tolerancia acaso solamente la de carácter negativo.

Reconozco que en la actualidad existen múltiples organismos que tratan de explicarle a la ciudadanía que tiene y puede exigir el cumplimiento del derecho a la información en sentido general y para su propio cuidado, como son las que vigilan los estándares de calidad de los productos que se ofrecen al mercado, y otros organismos que ofrecen vínculos para ejercer el derecho en forma política a través de la figura de la rendición de cuentas. Esto es un avance, sin duda, en la democratización de la sociedad, pero no nos vuelve invulnerables hacia lo que ya advertía antes al hablar de la tolerancia: el discurso antidemocrático, extremista y radical, en medio de cauces democráticos.

La mayoría de los grupos que sirven de puente como intermediarios entre el gobierno en sus diversos niveles y la sociedad, están constituidos para fines concretos que responden a las circunstancias y necesidades meramente locales o, máximo regionales y suponen el discurso de la tolerancia en general más no en los casos particulares que algunas de estas instituciones privadas promueven. Los grandes discursos antidemocráticos superan los alcances de tolerancia que brindan las instituciones intermediarias, superan la actual agenda del gobierno (México y otros países) y sus diversos operadores como escuelas y medios de comunicación oficiales.

Me atrevo a decir que, a partir del gobierno, no existe un bloque de información lo bastante eficaz en sí misma que sea un fundamento fuerte para presionar a los demás agentes sociales en el ejercicio de la tolerancia de forma activa. Pongo un ejemplo claro de lo que refiero: cualquier estudiante universitario sabe, a la luz de los acontecimientos perpetrados por los terroristas en España, Francia, Reino Unido, Bélgica, etc., que existen diferencias entre los musulmanes moderados y los musulmanes que son radicales; algunos de tales estudiantes, con un poco de mayor información que obtienen de la prensa en cualquiera de sus vías, distinguen varios tipos de extremistas, por ejemplo, los del EI (Estado Islámico) de otros grupos radicales. El manejo de la información es netamente pasivo, el escándalo que no deja inerte a nadie por la magnitud de los hechos justifica la puesta de atención y tanto la importancia como el interés por esta temática, pero, no obstante, y a pesar de eso, no deja de ser una actitud pasiva de tolerancia que, en su forma más patética, es expresada y aprendida a través de memes sobre lo ocurrido. Si pregunto ¿cuáles son las razones que llevan a un musulmán a hacerse extremista? ¿cuáles son las razones que impulsan a alguien que se ha desarrollado bajo la cultura occidental, a afiliarse a una organización cuyos discursos son netamente antidemocráticos? Y demás cuestionamientos que sería prolijo poner, las respuestas son escasas, repetidas y suelen ser cotidianas por el uso de palabras comodinas para zafarse de la necesidad de pensar y dialogar a fondo sobre la cuestión. ¿Qué es lo que se discute? Solamente aquello que aparece en el espacio público confundido con el publicado, la información retocada que es limitada para la teleaudiencia, el espacio virtual, el tiempo y nivel cognitivo-escolar de los ciudadanos.

La falta de discurso propio, y posteriormente grupal, para afrontar los discursos antidemocráticos que proceden de quienes pertenecen al mundo occidental, o de aquellos que no logran asimilar los valores democráticos porque creen que los van absorber en su esencia personal siendo extranjeros y por falta de una auténtica justicia social, es resultado del carácter regional y utilitario de la información y de la pasividad de sus receptores que solo discuten lo que otros hacen en el espacio público. (confundido con el publicado)

Es el espacio público el ámbito en el que, al menos en teoría, se deben de confrontar diversas ideas tanto en su origen, proceso y destino de alcance grupal del poder; pero la realidad es que tal espacio esta mediado por intereses de poder de alcance personalizado y confiado. Los agentes que promueven la información, desde el gobierno, los organismos privados, etc., confían demasiado, o suponen una madurez, en que los ciudadanos tienen tal carácter de forma completa en todos aquellos supuestos que salgan de su respectiva competencia, de esta manera, por ejemplo, una organización civil que se dedique a promover el deporte es poco probable de que ponga en su agenda la tolerancia multicultural, lo que sí haría una organización que trate de resolver problemas de migrantes. Por su parte, las escuelas tienen cierta libertad para tratar el alcance de la información como la estoy tratando aquí, pero sigue estando sujeta al programa propio de la institución de la que forma parte, peor es en aquellas escuelas públicas en donde la tolerancia es netamente pasiva en los temas que se deberían de considerar de “seguridad nacional”. Por ejemplo, el tema de Donald Trump y sus discursos está por doquier, y este ensayo es fiel testigo de eso, pero otra cosa es preguntarse los porqués del proceso de llegada de alguien cuyo discurso es francamente antidemocrático.

Pondré el caso de México, tal vez pueda ser una base de interpretación en otras latitudes.

Hay una limitación a la actuación del gobierno impuesta por él mismo. Resulta que, en la Constitución al definir las características del tipo de gobierno, aparece la palabra “laica” en el artículo 40, en concurrencia previa con el artículo 3º que habla de la educación y el artículo 24 que habla de la libertad de creencias, de conciencia, etc., limitando la agenda del gobierno federal y, por consecuencia, los de los estados para abordar la problemática que estoy planteando en este ensayo en una de sus facetas: el origen del terrorismo religioso. El gobierno está maniatado para comprometerse a través del sistema educativo a plantear y generar información que dé pie al ejercicio de la tolerancia en su sentido activo en temas de índole religioso.

De esta manera, los programas de estudio no contemplan la posibilidad de un análisis concienzudo de la realidad del otro más allá de nuestras fronteras y del ejercicio preponderante de la religión católica. En estos temas solamente se analiza, grosso modo, hasta el nivel medio-superior, el sentido económico que envuelven las relaciones que tienen los demás países, el sentido histórico limitado hasta la desintegración de la URSS y dados de forma fragmentaria los contenidos posteriores y, en cuanto a la religión en comento, solo se aborda la guerra cristera y sus respectivas consecuencias igual, en sentido lato. Incluso, los que no son partidarios o que se muestran abiertamente en contra de esta confesión religiosa utilizan argumentos anticuados para, dizque, atacarla porque son los que usualmente, pareciendo más un consuelo psicológico barato, se encuentran en un espacio público hecho a modo y limitado en comparación con el espacio público real. Por esto, muy pocos, salvo quienes sean sociólogos, filósofos, historiadores, es decir, especialistas en este tipo de realidades sociales, pueden contestar o intentar de responder sobre las causas del discurso antidemocrático de grupos extremistas, pero a mi vez pregunto ¿será necesario atenernos a la explicación de quien consideremos es un especialista? ¿acaso la realidad no es tal que luego-luego invita o fuerza a pensarla en sí misma por su importancia manifiesta?

Conclusión

En este ensayo hablo de tres valores que mencioné como básicos de la democracia siendo que, en realidad, se pueden reducir a uno solo: libertad.

Necesitamos libertad auténtica para desarrollar la tolerancia activa -positiva- y, al desarrollar ésta es dable el manejo activo de la información concibiéndola no como derecho político-democrático solamente, sino por motivos de sobrevivencia. El meollo del asunto es que principalmente la libertad no debe darse por supuesta.

Estos valores no deben, a mi juicio, verse en el plano en el que actualmente son interpretados, es decir, el individual, sino que deben ser contemplados de forma común o grupal, aunque, en el inicio del cuestionamiento el factor individual esté supuesto como tal, pero ese no es sino el contexto previo que permite su socialización comunal y llegue posteriormente a considerarse como una “conquista social” pero no por supuesta para la posteridad. Propuse el miedo como factor desencadenante del cuestionamiento, pero solo como punto inicial y no permanente. Solución a corto y mediano plazo para prevenir la conformidad proveniente de un “estado de interpretado” que no contemple el terrorismo en Latinoamérica y el discurso antidemocrático, a la vez que re-ilustre a quienes son los países más vulnerables en Europa para evitar que quienes son ahora refugiados se integren a las filas del extremismo, lo mismo a jóvenes que crecieron bajo la forma interpretada de la democracia y que no valoran todo aquello que históricamente aconteció para llegar a ella. Además, la democracia debe ofrecer un soporte material para quienes no han estado en un sistema escolar netamente occidental porque, si no, van a seguir diciendo lo que actualmente sostienen ¿por qué creer en un sistema que no muestra un sentido de justicia social?

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